Primeros Discípulos II


Ananda


Memoria indispensable - Carácter bondadoso

Ananda, acompañó a Sakyamuni como asistente personal durante los últimos 25 años de su vida, escuchó más enseñanzas que cualquier otro discípulo y ejerció una concentración extraordinaria para memorizarlas. Esta es la razón por la que era conocido como “Preeminente para escuchar las Enseñanzas”. Su poderosa memoria jugó un papel importante en su recopilación durante el primer concilio celebrado después de la muerte de Sakyamuni.

            Miembro de la tribu Sakya, fue primo de Sakyamuni. Ananda y su hermano, Anurudha, eran aristócratas del clan de los shakyas. Ambos nacieron en el pueblo de Kapilavastu. Su padre, Amritodana, era hermano del padre del Buda, Suddhodana, aunque es posible que tuvieran distintas madres. Cuando Ananda tenía 37 años, los dos hermanos, junto con muchos otros nobles shakyas, se unieron a la sangha del Buda. A pesar de haber sido elegido como asistente del Buda, no esperó ningún trato especial. Sakyamuni confiaba plenamente en él por el fervor con el que escuchaba las enseñanzas.

            Hombre muy bondadoso, animó con entusiasmo a Sakyamuni a ayudar a los desafortunados, tal como revela la siguiente historia.

            Un día, mientras paseaba, escuchó los sonidos llenos de dolor de niños llorando. Entrando en su casa con la esperanza de consolarles, preguntó qué estaba sucediendo.
Los niños contestaron: “¿Qué haremos ahora mi hermano y yo? Desde la muerte de nuestra madre hemos trabajado con nuestro padre para intentar salir adelante. Pero nuestro padre ha muerto también. Decidimos convertirnos en monjes como única forma de mantenernos con vida. Cuando los discípulos del  Buda pasaron por aquí les pedimos que nos dejaran unirnos a su grupo, pero nos rechazaron porque todavía no tenemos 15 años.” 

Su situación apenó tan profundamente a Ananda que rogó a Sakyamuni que permitiera a los dos niños a entrar en la vida religiosa. Fuertemente afectado por la compasión de Ananda, Sakyamuni dijo tranquilamente: “Esos dos niños pueden ahuyentar los pájaros que invaden los campos y huertos. Podemos admitirlos en la vida religiosa como cazadores maduros de pájaros aunque todavía no tengan 15 años.” Fue así como la solicitud de Ananda los salvó del infortunio. 

Un día, el Buda pidió a sus monjes discípulos que se reunieran y les dijo, “en mis 20 años como líder de la sangha he tenido muchos asistentes pero, en realidad, ninguno ha satisfecho el cargo a la perfección. Una y otra vez ha surgido algún capricho. Ahora ya estoy viejo y requiero un asistente confiable”. De inmediato, los discípulos más aventajados le ofrecieron sus servicios pero el Buda no aceptó a ninguno de ellos. Ananda se mantuvo apartado. “¿Por qué te resistes a probar?”, le preguntaron. “¿No crees que deberías ofrecerte para el cargo?” Era verdad que le habría gustado ser el asistente de su querido primo, pero también era demasiado modesto como para acercarse a sugerirlo. En todo caso, confiaba en que el Buda sabría elegir al más adecuado. El Buda sabía lo que Ananda estaba pensando. “Me complacería que mi asistente fuera Ananda”, declaró y fue así como comenzó una estrecha camaradería que habría de durar hasta la muerte del Buda.

Ananda pide ciertas condiciones para ser asistente del Buda
Ananda comprendió que algunos de los discípulos querrían dispensarle un estatus especial puesto que siempre estaría al lado del Buda, así que consideró que debería ser discreto para no provocar celos y también pensó que debía ser cuidadoso para no caer en el orgullo. De igual modo, decidió que tendría que asegurarse de nunca apartarse del Dharma si quería estar a la altura de su nueva labor. Por lo tanto, le solicitó al Buda que le permitiera gozar de ciertas condiciones para poder cumplir con su nuevo deber.

Como no quería que la gente creyera que ayudaba al Buda con la esperanza de obtener un beneficio material, le pidió que jamás le diera nada de la comida que él recibiera, así como tampoco de los mantos que le obsequiaran. Insistió en que no se le diera ningún alojamiento especial y que no se le incluyera en las invitaciones personales con que algunos deseaban agasajar al Buda. Por otra parte, pidió que si él mismo fuera invitado a una comida pudiera transferir la invitación al Buda. Si alguien de fuera viniera a ver al Buda quería tener el privilegio de presentar a esa persona. Además, si acaso llegara a tener alguna duda acerca del Dharma, pedía poder hablar con el Buda sobre ello en cualquier momento. Finalmente, si el Buda diera un discurso y él estuviera ausente, le solicitaba que tuviera la amabilidad de repetirlo cuando se encontrara presente. Él Buda aceptó sus condiciones con mucho gusto. 

Ananda y la amistad
Ananda fue un hombre muy popular y muy querido por todos los que lo conocieron. Tenía muchos amigos espirituales y entre ellos, por supuesto, se contaba al Buda. En una ocasión se encontraba con éste en Sakkhara, una aldea shakya, reflexionando sobre el deleite y la eficacia de la amistad espiritual. “Señor, he estado pensando”, le dijo al Buda. “¿Sabes? Me parece que la amistad espiritual constituye la mitad de la vida espiritual”. “¡Oh, no, Ananda! No es así”, respondió el Buda; “¡La amistad espiritual constituye toda la vida espiritual!”. [1]

La extraordinaria memoria de Ananda
Ananda tenía una memoria prodigiosa y pasó mucho tiempo cerca del Buda, de modo que era muy versado en el Dharma. Una vez, un discípulo laico le preguntó al Buda cómo, después de venerar al Buda y a la sangha, podría honrar al Dharma. Era una época en la que las enseñanzas del Buda no se habían registrado de manera escrita. “Si deseas honrar al Dharma”, le respondió el Buda, “ve y muestra tus respetos a Ananda, el guardián del Dharma”. Así que ese discípulo invitó a comer a Ananda y le regaló un manto muy valioso. Ananda ofreció el manto a Sariputra quien, a su vez, lo obsequió al Buda, ya que él y sólo él era la causa de tanta dicha. [2]
En otra ocasión, después de que Ananda contestó una pregunta que le habían hecho algunos monjes y, al final, se retiró de la reunión, el Buda miró a los monjes y mencionó: “Ananda todavía está en el sendero del más sublime adiestramiento. Sin embargo, es difícil hallar a alguien que lo iguale en sabiduría”. [3]


Las cualidades de Ananda lo llevaron a ejercer una función especial como “guardián del Dharma” o dhammabhandagarika. Dentro de un régimen político, el bhandagarika es el tesorero y su responsabilidad es almacenar, proteger y administrar la riqueza nacional. Si es inepto o irresponsable los ingresos disminuirán y el estado puede caer en la bancarrota. Si es astuto, la riqueza de la nación se utilizará con sabiduría y habrá paz y prosperidad. En la administración que encabeza el Buda, la riqueza es el Dharma y, sobre todo tras la muerte del Buda, la vida y la salud de su gobierno requirieron que el Dharma se conservara con precaución y que se transmitiera de manera fidedigna a la posteridad. Es por ello que el cargo de tesorero del Dharma tenía una enorme importancia, al grado que aquél que hubiera de desempeñarlo podría llamarse (y con justicia) “el ojo de todo el mundo”, como él se denomina en sus versos del Theragatha:

Si alguien desea comprender el Dhamma
debería acudir a esa persona
que tiene un gran aprendizaje, alguien que lleva el Dhamma consigo,
un sabio discípulo del Buda.

De un gran aprendizaje, portador del Dhamma,
el guardián del tesoro del Gran Vidente,
él es el ojo de todo el mundo,
merecedor de honras, el de gran aprendizaje.[4]

Ordenación de mujeres - Las primeras discípulas del Buda
Cuando era niño, el Buda creció bajo los cuidados de su tía, Mahaprayapati. Después de que sus hijos hubieran abandonado la vida secular y tras la muerte de su hermano, el rey de la tribu Sakya hubiera muerto, Mahaprajapati, la madre adoptiva de Sakyamuni, estaba tan profundamente apenada que también ella consideró adoptar la vida religiosa ella decidió formar parte de la sangha, con algunas mujeres más de la tribu Shakya que querían convertirse en monjas, se cortaron el pelo para indicar su formalidad. Luego, descalzas, con un cuenco para mendigar en la mano, llamaron a Sakyamuni. Ananda las saludó y rogó a Sakyamuni en su nombre y aprovechó que el Buda estaba de visita en Kapilavastu, el pueblo de su niñez, para acercársele y solicitarle tres veces que le permitiera unirse a la sangha. Sin embargo, tres veces rehusó aceptarla el Buda, porque era una mujer. Después, él se marchó de Kapilavastu y se dirigió a Vaishali, a muchos kilómetros de distancia. Entonces, Mahaprayapati, junto con otras mujeres shakyas, decidió insistir y lo siguió de cerca. Al llegar a la antecámara del Alero Encumbrado, lugar donde permanecería el Buda, ella se apostó afuera del pórtico “con los pies hinchados, las extremidades cubiertas de polvo y el rostro bañado en llanto”. [5]

Cuando Ananda vio el terrible estado en que ella se hallaba decidió interceder. Fue con el Buda y tres veces repitió la misma solicitud para que aceptara a Mahaprayapati. El Buda lo desalentó una y otra vez. Entonces, Ananda decidió utilizar un método indirecto.

“Imaginemos que las mujeres tuvieran que ir lejos del hogar y adentrarse en la vida errante, bajo el Dhamma Vinaya que inculcó el Tathágata”, dijo. “¿Podrían ellas también alcanzar los frutos de la entrada a la corriente, o el de aquél que sólo retorna una vez más, o el de quien ya no retorna, o el del estado del arahat?”[6]

El Buda admitió que las mujeres eran igualmente capaces y fue ahí que Ananda aprovechó la oportunidad. Mahaprayapati había servido al Buda cuando él era pequeño, le dijo. Lo cierto era que ella se hizo cargo de criarlo cuando murió su madre. Esa razón debería bastar para que él le ayudara ahora a lograr la liberación final. El Buda no podía resistirse a tal argumento y por fin aceptó establecer una orden de monjas, las cuales, claro estaba, tendrían que sujetarse a ciertas reglas. Desde entonces, Ananda ha gozado siempre de un cariño especial por parte de la sangha que conforman las monjas.
De hecho, la inmensa preocupación de Ananda por los demás cambió las normas de la Orden budista. Después de que sus hijos hubieran abandonado la vida secular y el rey de la tribu Sakya hubiera muerto, Mahaprajapati, la madre adoptiva de Sakyamuni, estaba tan profundamente apenada que también ella consideró adoptar la vida religiosa. Pero en la sociedad de aquellos tiempos, dominada por hombres, las mujeres debían quedarse en casa cuidando de sus familias. Algunas personas de la Orden estaban preocupadas porque la presencia de mujeres sería un obstáculo seductor para los monjes que se esforzaban por liberarse de la ilusión. De modo que la Orden budista original sólo incluía hombres, e incluso la madre adoptiva de Sakyamuni fue excluida.

Y así fue como tuvo lugar la primera orden mundial de monjas.

Una relación especial entre Ananda y el Buda
La relación que Ananda tenía con el Buda no era exclusivamente la de un sirviente. Era un amigo, un compañero y también su secretario. Tenían una amistad cálida y estrecha. Él le llevaba agua al Buda para que se lavara la cara y un utensilio para que se limpiara los dientes. Le arreglaba el asiento, le lavaba los pies, le daba masaje en la espalda, lo abanicaba, barría su dormitorio y le remendaba los mantos. Lo cuidaba mientras dormía y se mantenía al alcance por si requería alguna cosa. Lo acompañaba cuando caminaba alrededor de donde se ubicaban los monjes y siempre revisaba si éstos no habían olvidado algo después de las reuniones. Llevaba los mensajes del Buda y convocaba a los monjes cuando éste quería hablar con ellos (a veces, incluso, a media noche). Si el Buda estaba enfermo él le llevaba la medicina. Una ocasión en que un monje había enfermado de disentería y sus compañeros no lo atendieron, el Buda y Ananda lo lavaron y lo llevaron a un sitio donde pudiera descansar.

Participación de Ananda con la comunidad de discípulos del Buda
La participación de Ananda fue muy importante para que se diera una buena comunicación entre el Buda y la sangha, que cada vez era más grande. Cuando en Kosambi se suscitó una discusión entre los monjes y Devadatta provocó un cisma, Ananda ayudó a las personas a clarificar sus dudas y renovar su comunicación. Muchas veces era él un intermediario para los monjes. Les arreglaba una entrevista con el Buda y refería las palabras de éste a los líderes de otras sectas. A nadie rechazaba y se consideraba a sí mismo como un puente y no una barrera.  

Finalmente la Iluminación
Para Ananda, quien le había servido constantemente, escuchado sus sermones, y seguido sus enseñanzas, la cercana muerte de Sakyamuni tuvo que ser devastadora. A pesar del frecuente contacto con las enseñanzas, Ananda todavía no había alcanzado la iluminación y probablemente sentía que el fallecimiento de Sakyamuni le cerraría para siempre la puerta a la iluminación. Preocupado por el estado mental de Ananda, desde su lecho de muerte, Sakyamuni dijo: “Ananda, todos los seres vivientes deben llegar a su fin. No sufras cuando me haya ido. Toma mis enseñanzas y reglas como tu mentor y entrénate con diligencia.” 
Aunque estas palabras animaron a Ananda, la pérdida de su reverenciado maestro le causaba tal dolor que no pudo aguantar las lágrimas.
           
Cerca de la muerte del Buda
Cuando el Buda se preparaba para morir, Ananda se deprimió mucho. Se fue hacia su aposento y se recargó en el marco de la puerta mientras se lamentaba profundamente. Decía, “¡es una pena! ¡Todavía soy un aprendiz y tengo tanto por andar! El maestro está muriendo, él que ha sido tan compasivo conmigo” [7]

El Buda notó la ausencia de Ananda y le pidió a un monje que lo llamara. Cuando por fin acudió, el Buda lo consoló. Le dijo que todas las cosas compuestas están sujetas a la decadencia. Entonces, ¿cómo no habría de morir él? Luego, lo animó y lo alabó. “Durante mucho tiempo, Ananda, has estado en presencia del Tathágata, manifestando tu amor y bondad con los actos de tu cuerpo, tu habla y tu mente, siendo beneficioso, bendito, sincero y sin limitarte. Has alcanzado mucho mérito, Ananda. Esfuérzate y en poco tiempo te verás libre de corrupciones”

Después, el Buda se dirigió a los monjes y les dijo que todos los budas del pasado habían tenido un asistente como Ananda y que lo mismo sucedería con los budas del futuro. Asimismo, añadió que Ananda siempre fue muy sabio. Él sabía cuándo era el mejor momento para que los monjes, las monjas y los practicantes laicos vinieran a ver al Buda y cuándo el tiempo era propicio para que hicieran lo mismo los reyes, los ministros reales y los líderes de otras escuelas y sus discípulos. Aun más, les dijo que “Ananda tiene cuatro cualidades sobresalientes y maravillosas. ¿Cuáles son?

Si un grupo de monjes viene a ver a Ananda se sienten complacidos con tan sólo encontrarle; cuando Ananda les habla del Dharma se sienten también complacidos y si permanece en silencio se sienten desilusionados y lo mismo sucede con las monjas y con los practicantes laicos, hombres y mujeres”.



El camino de Ananda hacia la iluminación
Tras el parinirvana del Buda, Ananda se marchó a meditar al bosque pero cuando los habitantes de la región supieron que el asistente personal del Buda se encontraba cerca le llovieron los visitantes. El Buda, Sariputra, Modgalyayana y Pasenadi, el rey justo, todos ellos habían muerto ese mismo año. La gente sentía un enorme deseo de consuelo. Sabían que Ananda se caracterizaba por responder a sus necesidades, por lo tanto, era raro que estuviera solo. En una de esas, un deva que vivía en el bosque se le apareció y le dijo:

“Ya que has entrado en la espesura y te has sentado al pie de un árbol,
Ahora que has dejado que el Nibbana se aposente en tu corazón,
¡Medita, Gotama y no seas negligente!
¿Qué bien te puede hacer tanto alboroto?” [8]

Ananda respondió ante esta exhortación con un renovado sentimiento de urgencia.

La Orden empezó a prepararse para el primer concilio, que recopilaría los sermones y los dichos del Buda para su rápida transmisión al mundo. Ananda fue elegido para llevar a cabo la parte más importante de la recopilación puesto que había sido el asistente personal de Sakyamuni. Algunos de los venerables ancianos no estuvieron de acuerdo con esta decisión porque Ananda todavía no había alcanzado la iluminación.

            La noche previa al concilio, cargado de responsabilidad y completamente consciente de que había confiado demasiado en Sakyamuni, Ananda se dedicó a la disciplina concentrada. Luego, mientras estaba yendo a la cama, el instante antes de que su cabeza tocara la almohada, experimentó la plena iluminación.

            Lleno de gozo, manifestó plenamente sus extraordinarios poderes de memoria recitando las enseñanzas de Sakyamuni para la recopilación histórica.

Se cuenta que Mahakasyapa había decidido convocar al concilio para regularizar los contenidos de la enseñanza del Buda, el Budadharma. Como Ananda conocía la mayoría de los discursos era indispensable que asistiera al concilio. Sin embargo, de los 500 monjes invitados solamente él todavía no era un arahat. A medida que se aproximaba la fecha del concilio, Anuruddha sugirió que no se admitiera la presencia de Ananda a menos que hubiera traspuesto ya las últimas impurezas y alcanzara el estado del arahat.
Anuruddha sabía bien lo que hacía. Ahora, Ananda se aplicaría con todo su esfuerzo a la práctica espiritual. Así fue. Practicó los cuatro fundamentos de la atención consciente durante toda la noche y, en las primeras horas del día, justo cuando se iba a acostar para dormir, su mente se vio liberada por fin de toda corrupción alcanzando la iluminación.
El concilio estaba a punto de empezar. Se estaban sentando apenas todos los monjes que asistían al acto cuando llegó Ananda, volando por el aire gracias a sus poderes psíquicos. Tomó asiento y, con base en sus recuerdos, se fueron estableciendo las antologías que componen el Sutta Pitaka.

Pacificador hasta el final
            Se dice que Ananda vivió hasta los 120 años. Una historia muestra lo considerado y amable que fue siempre.
            Sintiendo que su muerte estaba cerca, Ananda se preocupó sobre un posible conflicto entre los reinos de Magadha y Vaishali. Tenía muchos seguidores en ambos países y temía que, después de su muerte, surgirían disputas entre ellos por sus reliquias. El Ganges formaba el vínculo entre los reinos. Ananda tomó un barco hasta el centro del río y, entrando en un estado de disciplina haciendo posible la emisión espontánea de fuego de su propio cuerpo, se auto-incineró. Entonces, sus seguidores en Magadha y Vaishali repartieron equitativamente sus reliquias en sendas Stupas.

            Al final de todo, se esforzó al máximo en nombre de la paz. Junto con su gran logro en el primer concilio, sus actos profundamente compasivos forman una parte perdurable de la historia del budismo.[9]



Ananda recitando el Sutra Pitaka en el Primer Concilio Budista
El Primer Concilio Budista fue realizado poco después del fallecimiento de Shakyamuni, con el apoyo del  Rey Ajatashatru,
en la cueva de Las Siete Hojas, cerca de Rajagriha en Magadha, India.
Alrededor de quinientos monjes (mil según otras fuentes) participaron bajo el liderazgo de Mahakashyapa.
Se dice que Ananda recitó el Sutra Pitaka[10]  y Upali recitó los Vinaya[11], o reglas monásticas de disciplina. Los otros confirmaron la veracidad de su recitación y luego la recitaron al unísono estableciendo entonces una versión definitiva.


[1] Samyutta-Nikaya, v.2.
[2] Yataka 296, citada en Great Disciples of the Buddha, p. 142
[3] Anguttara-Nikaya, iii.78
[4] Theragatha 1030-1031, citado en Great Disciples of the Buddha, p. 153
[5] citado en Great Disciples of the Buddha, p. 154
[6] adaptación del Vinaya ii.253f
[7] (Mahaparinibbana Sutta, Dîgha-Nikaya 16, en The Long Discourses of the Buddha, p. 265
[8] Samyutta-Nikaya ix.5, citado en Great Disciples of the Buddha, p. 179
[9] Fuentes de Consulta: Teachers of Enlightenment, Kulananda, Windhorse Publications y Zen Friends – A Guide to the Buddhist Way of Life – Escuela Soto Zen Japón
[10] Sutra-pitaka (Cesta de los sermones): Contiene las predicaciones procedentes, según la tradición, de los labios mismos del Buda o de sus discípulos inmediatos; está organizada en cinco colecciones (nikaya): Digha, Májjhima, Samyutta, Angúttara y Khúddaka.
Digha Nikaya: "Colección de los Discursos Largos" (del pali digha = "largo") consiste en 34 suttas, algunos de los cuales son más extensos de todo el Canon. La temática de estos discursos es muy variada: desde los pintorescos cuentos sobre los seres que habitan los diversos mundos de los devas, hasta las instrucciones de meditaciones muy concretas y precisas. Los estudios recientes parecen indicar que esta colección fue confeccionada con fines proselitistas y con el propósito de atraer los conversos a la nueva religión.
Majjhima Nikaya "Colección de los Discursos Medianos" (del pali majjhima = "mediano") consiste en 152 suttas, cuya extensión generalmente es menor en comparación con Digha Nikaya pero mayor que los suttas cortos pertenecientes a los nikayas siguientes. Algunos discursos de esta colección son profundos y muy difíciles de entender, mientras que otros ilustran, con historias amenas, los importantes puntos doctrinales, como por ejemplo, la ley del kamma.
Samyutta Nikaya "Colección de los Discursos Agrupados Temáticamente" (del pali samyutta = "grupo" o "colección") consiste en 2,889 suttas, relativamente cortos, agrupados en 56 diversos temas o samyuttas en cinco principales divisiones. Los estudiosos creen que esta colección, especialmente su última Gran División (Mahavagga), contienen los discursos más antiguos y, consecuentemente, las enseñanzas más auténticas del mismo Buda.
Anguttara Nikaya "Colección de los Discursos Agrupados Numéricamente". Literalmente, discursos agrupados en torno de los factores más lejanos (del pali anga = "factor" + uttara = "más allá" o "lejano"). Es una colección consistente en miles de suttas cortos organizados en once partes o nipatas de acuerdo al número de los tópicos del Dhamma tratados en cada discurso. Y así, por ejemplo, el primero, Eka-nipata ("El libro de los unos") contiene suttas con un sólo tópico, cada uno; el siguiente, Duka-nipata ("El libro de los dos") cuenta con suttas que abarcan dos tópicos del Dhamma cada uno, etc.
Khuddaka Nikaya "Colección de Textos Pequeños" (del pali khudda = "pequeño" o "menor"), consiste en quince siguientes libros:

Khuddakapatha — Textos cortos, Dhammapada — Camino del Dhamma, Udana — Exclamaciones, Itivuttaka — Así se ha dicho,    Sutta Nipata — Colección de los discursos, Vimanavatthu — Historias de las mansiones celestiales, Petavatthu — Historias de los espíritus hambrientos, Theragatha — Versos de los monjes ancianos,  Therigatha — Versos de las monjas ancianas, Jataka — Historias de nacimiento, Niddesa — Exposición, Patisambhidamagga — Camino de la discriminación, Apadana — Historias,                           Buddhavamsa — Historias de los budas, Cariyapitaka — Canasta de la conducta

[11] Vinaya Pitaka (Cesta delas reglas): Constituye el soporte de la vida monástica del Sangha. Incluye las reglas que regulan la vida de los monjes  y las monjas pero también contiene los procedimientos de convivencia y las convenciones de etiqueta orientados al logro de una vida armoniosa entre los miembros de la vida monástica entre sí, por un lado y entre ellos y sus seguidores laicos, por otro lado. En el corazón de Vinaya hay un conjunto de reglas conocidas como Pratimoksha (sánscrito). Alrededor de las reglas hay un rango de textos. Algunos de éstos explican los orígenes de las reglas - es posible trace el desarrollo de las reglas de las respuestas a situaciones específicas o acciones de codificación general. Hay también un número de textos parecidos a sutta que son estatutos más generales acerca de la doctrina budista, o que dan detalles biográficos de algunos de los grandes discípulos y su iluminación. Otras secciones detallan cómo las reglas deben ser aplicadas, cómo las infracciones o incumplimientos deben ser tratados, y cómo las disputas entre los monjes deben ser tratadas.
Se cree que originalmente no había reglas y que Buda y sus discípulos sólo vivían en armonía cuando estaban juntos. La mayor parte del tiempo ellos vagaban solos, pero cada año, durante la época de monzones cuando viajar es imposible, los monjes se reunían durante unos pocos meses. Como el sangha se hizo más grande y comenzó a aceptar gente de menor habilidad que permanecía no iluminada, comenzó a ser necesario instaurar reglas.
Parece que al principio eran bastante flexibles y se adaptaban a la situación. Para la época de la muerte de Buda había un cuerpo de reglas que se esperaba que los monjes siguieran. En el Mahaparinibbana Sutta de Buda, como parte de su última enseñanza, cuenta a los monjes que pueden abandonar algunas reglas menores, pero que deben perseverar con las principales, pero parece que había algo de confusión acerca de cuáles reglas eran principales y cuáles secundarias. Se decidió por lo tanto que seguirían todas las reglas. Inmediatamente después de la muerte de Buda hubo un concilio en el cuál todas las enseñanzas fueron recogidas, ordenadas y recitadas.


Fuente:
BOLETÍN MENSUAL DE LA ASOCIACIÓN BUDISTA SOTO ZEN ARGENTINA (ABSZA)
del Monje Budista Zen Rev. Ricardo Dokyu
Editor Responsable Daniel Dai On (monju.dojo@gmail.com)