Primeros Discípulos III


Maudgalyayana

Importante en poderes ocultos

Abandonando la riqueza para buscar la Vía
Lejos de abusar o jactarse de sus poderes ocultos supremos, el discípulo de Shakyamuni, Maudgalyayana, se disciplinó incansablemente y buscó perfeccionar la vía del Buda. Él y su íntimo amigo Sariputra, como discípulos de Buda, fueron ejemplos para monjes más jóvenes.

            Nacido en una poderosa familia brahmánica en el pueblo de Kolita, Maudgalyayana tuvo muchos sirvientes y vivió en una casa palaciega virtualmente celestial. Nunca le faltó de nada. Sariputra, con quien jugó y estudió desde la infancia, vivía cerca. Los vínculos de amistad entre ellos permanecieron fuertes hasta que la muerte los separó.

            Aunque aparentemente fueran felices, los jóvenes estaban preocupados por pensamientos de incertidumbre que finalmente tomaron forma cuando asistieron a un festival donde, incluso en medio de una multitud de celebrantes contentos, todavía se encontraron perturbados. Su sentido de futilidad persistió hasta que comprendieron claramente que estaban buscando algo: “Todo este regocijo es efímero. Debemos buscar la felicidad verdadera, eternamente inmutable.”

Elegidos por Shakyamuni
            Así que ambos emprendieron un viaje de formación y disciplina, caminando en todas direcciones en busca del maestro correcto. Finalmente, un monje asceta llamado Assaji les habló de Shakyamuni, del que se convirtieron en discípulos. Ambos, Maudgalyayana y Sariputra, eran innatamente sabios y devotos para seguir la Vía. Incluso en esta temprana etapa, Shakyamuni sabía que se convertirían en sus discípulos más destacados.

            Después de unirse a la sangha, Maudgalyayana dejó el Bosque de Bambú por un tiempo y se marchó a morar cerca de ahí, en el Pico del Buitre. Entonces, encontró una cueva y en ella se quedó a meditar. Los versos que se le adjudican en el Theragatha empiezan con su canto en alabanza a la meditación solitaria:

Mientras vivimos en el bosque, subsistiendo con limosnas, contentándonos con lo que sea que caiga en nuestros cuencos de mendicantes, venzamos al ejército de la muerte, guardando una buena concentración interior.

Mientras vivamos en el bosque, subsistiendo con limosnas, contentándonos con lo que sea que caiga en nuestros cuencos de mendicantes, derrotemos al ejército de la muerte, como un elefante derriba una cabaña hecha de juncos.
Viviendo al pie de un árbol, perseverando, contentándonos con lo que sea que caiga en nuestros cuencos de mendicantes, venzamos al ejército de la muerte, guardando una buena concentración interior.

Viviendo al pie de un árbol, perseverando, contentándonos con lo que sea que caiga en nuestros cuencos de mendicantes, derrotemos al ejército de la muerte, como un elefante derriba una cabaña hecha de juncos. [1]

            Animado por Shakyamuni, Maudgalyayana fue inmediatamente a Vulture Peak (Monte Gridhrakrta en el interior de la India), donde, dedicándose a la meditación zazen, alcanzó la iluminación siete días después de convertirse en discípulo. Sariputra alcanzó la iluminación en aproximadamente medio mes. Luego, ambos avanzaron a posiciones muy altas, mucho más allá que los veteranos de la Orden. Shakyamuni les dijo a los otros, “Maudgalyayana es bueno para formaros, y Sariputra es como una madre. Seguid sus ejemplos y entrenad con diligencia.” Muchos creyentes reverenciaron a Maudgalyayana como principal en poderes ocultos y a Sariputra como principal en sabiduría.

            Otra cosa que caracterizó a Maudgalyayana es que siempre fue muy sincero y, mientras que proclamaba el Buda Dharma, exponía sin temor las opiniones erróneas en cualquier sitio que se encontrara con ellas. Esto le valió la enemistad de los seguidores de los maestros que rivalizaban con el Buda y, sobre todo, de un grupo de ascetas desnudos que pensaban que él se había ganado a sus seguidores contándoles historias de sus viajes celestiales, en los cuales, al parecer, relataba que había visto a los seguidores del Buda gozando del renacimiento en los reinos divinos, mientras que los seguidores de otras sectas, debido a la falta de una conducta moral, sufrían en unos miserables reinos infrahumanos. De tal modo, decidieron eliminarlo.


La diligencia que sobrepasa a los poderes ocultos
            Muchas tradiciones dan fe de la grandeza de Maudgalyayana. La iluminación le aportó extraordinarios poderes ocultos. Pero nunca estuvo orgulloso o se jactó de ellos. Su verdadera grandeza reside en su fidelidad al Buda y la sinceridad de sus aspiraciones. Diversas historias ilustran estos rasgos.

            Una vez, la deidad guardiana Indra, que se dice que reside en la cima del monte Sumeru, el centro del universo, vino a Shakyamuni y, uniendo reverentemente las palmas de sus manos, preguntó, “¿Qué debo hacer para alcanzar la iluminación?” Shakyamuni respondió, “Elimina toda ansia y todo apego de tu mente.”

Maudgalyayana escuchó este intercambio y, cuando Indra se fue, usó sus poderes sobrenaturales para seguirle y entrar en su palacio en la cima del monte Sumeru. Indra le dio la bienvenida y le invitó a visitar el palacio, contándole acerca de sus cien torres y de las hermosas doncellas celestiales y mujeres expectantes que ahí moraban. Reprendiendo la actitud hedonista de Indra, Maudgalyayana sacudió el palacio súper-naturalmente con uno de los dedos gordos de sus pies hasta que Indra recordó y recitó las enseñanzas de Shakyamuni. Aconsejando a Indra que guardara y practicara esas enseñanzas, Maudgalyayana volvió al lado de Shakyamuni.

            En otra ocasión, usando nuevamente sus poderes ocultos, percibió que el alma de su madre estaba sufriendo hambre. Se apresuró para conseguirle comida, que sólo se encendió en llamas y desapareció. Como no sabía qué hacer, pidió ayuda a Shakyamuni, quien le dijo, “El 15 de julio, todos los monjes finalizarán su entrenamiento de la estación pluvial y se confesarán y arrepentirán. Si en ese día realizas ofrecimientos a 100.000 monjes, el mérito procedente de tus actos acabará con el sufrimiento de tu madre.” Maudgalyayana hizo lo que Shakyamuni le había dicho, liberando así el espíritu de su madre. Por cierto, se dice que éste es el origen del Festival O-bon. [2]

La muerte de Maudgalyayana
            Maudgalyayana no tuvo una muerte pacífica. Había protegido y promocionado con diligencia la Orden que Shakyamuni había construido. Esto disgustó tanto a algunas personas desalmadas con otras ideas que buscaron su vida. Primero huyó de ellas para prevenir que cometieran el pecado del asesinato. Pero no podía escapar eternamente. Finalmente unos rufianes le cogieron y le pegaron con varas hasta que sus huesos se rompieron y su carne se quedó hecha jirones. Pero, de alguna forma, sus poderes sobrenaturales hicieron posible que transportara su cuerpo destrozado hasta la vera de Sakyamuni, donde se tumbó y murió.

 La anterior muerte de Sariputra seguida por la muerte de Maudgalyayana causó un dolor incalculable en Sakyamuni. Aun así, manteniendo la enseñanza budista de que todas las cosas en el mundo son impermanentes, explicó a sus otros discípulos y creyentes que, a pesar de sus poderes ocultos superiores, Maudgalyayana tenía que afrontar inevitablemente el final de su vida.

            En términos budistas, los poderes sobrenaturales consisten en trascender la imposibilidad aparente viendo a las personas y las cosas con los ojos del Buda. No confieren el poder de evitar la muerte.

            Después de la muerte de Maudgalyayana, Sakyamuni hizo levantar una estupa para sus restos en el monasterio de Bamboo Grove e hizo ofrendas. Se dice que él mismo murió poco después.

Un modelo para otros monjes
            Desde la juventud, pasando por la madurez, hasta la ancianidad, Maudgalyayana y Sariputra, el primero importante por sus poderes ocultos, el segundo por su sabiduría, trabajaron y alcanzaron la fama juntos. Puesto que el budismo concede preeminencia a la sabiduría con respecto a las capacidades sobrenaturales, se dice que los poderes de Sariputra eran ligeramente superiores. Pero los poderes de Maudgalyayana pueden ser considerados como recompensas concedidas por su sabiduría innata, incansable búsqueda espiritual de la Vía, y diligente auto-disciplina. Manifestando sus habilidades individuales y combinando sus fuerzas, ambos ayudaron a los monjes en formación y fueron destacados discípulos en todos los sentidos, con plena confianza de Shakyamuni. Incluso después de sus muertes, siguieron viviendo como ejemplos en las mentes de muchos monjes.
Lejos de abusar o jactarse de sus poderes ocultos supremos, el discípulo de Shakyamuni, Maudgalyayana, se disciplinó incansablemente y buscó perfeccionar la vía del Buda. Él y su íntimo amigo Sariputra, como discípulos de Buda, fueron ejemplos para monjes más jóvenes.[3]



[1] Theragatha 1146-1149, de la traducción de K. R. Norman, The Eders Verses I, Pali Text Society, Oxford, 1990, p. 106
[2] Obon es un festival Budista que se celebra para conmemorar a los ancestros. Se cree que cada año durante el Obon los espíritus de los ancestros retornan a este mundo para visitar a sus familiares. Tradicionalmente se encienden faroles que se cuelgan a la entrada de las casas para guiar a los espíritus, se efectúan danzas y se visitan las tumbas llevando ofrendas de comida que son depositadas en los altares o templos. Al final de la celebración, los faroles son colocados en los ríos y lagos para guiar el regreso de los espíritus al otro mundo.
El Obon se celebra a mediados de Julio, entre el 13 y el 15, aunque en otras regiones es celebrado a mediados de Agosto.
La semana de mediados de Agosto es conocida como una de las mas ocupadas para realizar viajes nacionales e internacionales y se incrementan los precios porque los japoneses viajan a sus lugares de origen, a los pequeños pueblos o ciudades de donde son originarios para re encontrarse con sus ancestros muertos.
[3] Fuentes de Consulta: Teachers of Enlightenment, Kulananda, Windhorse Publications y Zen Friends – A Guide to the Buddhist Way of Life – Escuela Soto Zen Japón



Fuente:
BOLETÍN MENSUAL DE LA ASOCIACIÓN BUDISTA SOTO ZEN ARGENTINA (ABSZA)
del Monje Budista Zen Rev. Ricardo Dokyu
Editor Responsable Daniel Dai On (monju.dojo@gmail.com)


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